Zotero: una historia de interoperabilidad

Estos días hemos empezado a usar Zotero como gestor de referencias bibliográficas. Este tipo de software cumple una doble función: registrar en una base de datos una serie de referencias bibliográficas y volcar las empleadas en un documento de texto bajo el apartado bibliografía. Puede parecer algo trivial, pero para quienes trabajamos en el mundo académico, tener que preparar y revisar una bibliografía para cada paper es algo para lo que se agradece la ayuda.

Hasta la aparicion de Zotero, y salvando el específico BibTeX para LaTeX, el mercado estaba copado íntegramente por soluciones propietarias: EndNote, ProCite, RefWorks, etc. Obviamente estos programas cuestan sus buenos dineros, algo de lo que las instituciones académicas suelen andar bastante escasas. Nuestra universidad mantiene una suscripción pagada a RefWorks. Es un buen software, pero no deja de ser propietario; Zotero no tiene nada que envidiarle, es libre y además gratuito.

Como en cualquier software, lo que más condiciona la libertad de los usuarios es la interoperabilidad. Interoperabilidad, recordemos que quiere decir que el usuario puede coger sus datos y llevárselos; ausencia de barreras total al cambio de software. Y aquí comienza nuestra historia.

Zotero es un desarrollo del Center for History and New Media de la George Mason University (GMU). Como en todo software libre, realmente es un desarrollo conjunto de todo aquel que quiera sumarse al esfuerzo por ellos iniciado. En 2008, Thomson-Reuters, desarrollador de EndNote y una de las principales corporaciones del mercado de productos académicos (journals, software, etc) demandó a la GMU por violación de licencia de su producto EndNote afirmando que se había empleado ingeniería inversa para lograr la interoperabilidad de Zotero con EndNote; esto es, que se había incorporado a Zotero código fuente no perteneciente a EndNote pero que permitía leer sus formatos y que, por tanto, cualquier usuario de EndNote podía ahora llevarse sus datos a Zotero cambiando libremente su gestor bibliográfico.

En concreto, Thomson-Reuters alegaba que su base comercial sufría un daño irreparable con esta actuación y demandaba que se impidiera a los antiguos usuarios de EndNote y actuales usuarios de Zotero llevarse la información de un software a otro; ya de paso reclamaba 10 millones de dolares por año que esta prestación estuviera a disposición estos usuarios. Vamos, que mis usuarios son míos, me han comprado unas cadenas y si quiero los azoto cuando me viene en gana y además te pido un dinerito por hacerme pupa al enseñarles que pueden ser libres.

Afortunadamente para todos, seamos o no usuarios de Zotero, la GMU reaccionó defendiendo su libertad y la de los usuarios:

“anything created by users of Zotero belongs to those users, and that it should be as easy as possible for Zotero users to move to and from the software as they wish, without friction”

Traducido libremente: que lo creado por los usuarios de Zotero le pertenece a esos usuarios, y que debería ser tan sencillo como fuera posible para los usuarios de Zotero migrarse desde y hacia el software que quisieran, sin fricciones. Dando ejemplo, la GMU canceló su suscripción corporativa a EndNote ¡Bien por una universidad que defendió el derecho a la libertad y al libre conocimiento!

La revista Nature, dedicó su editorial de 9 de octubre de 2008 a este tema, siendo también bastante contundente:

“The virtues of interoperability and easy data-sharing among researchers are worth restating. Imagine if Microsoft Word or Excel filescould be opened and saved only in these proprietary formats, for example. It would be impossible for OpenOffice and other such software to read and save these files using open standards — as they can legally do.”

Traducido de nuevo libremente: las virtudes de compartir e interoperar con información son lo suficientemente importantes para que no se deban permitir tonterías con ellas ¿Qué pasaría si los usuarios de Word o Excel no pudieran abrir sus ficheros con OpenOffice?

En enero de 2011 Thomson-Reuters entró en razón y abandonó su demanda contra la GMU. ¿Qué nos ha quedado por el camino? Una lección que aprender: no encierres tus datos allá donde no dispongas de una llave. Si el software es libre, tendrás llave… y huye como del diablo de aquellos que quieren mantener mercados cautivos. Aún nos preguntamos como es posible que haya universidades pagando por EndNote …

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