Qué es el software libre (1): el software propietario

Para entender el concepto de software libre es necesario en primer lugar entender el modelo de negocio más habitual actualmente en la industria del software, el llamado “modelo propietario”. La industria del software ofrece particularidades que la distinguen en su modelo de negocio de otras industrias. Estas particularidades se basan principalmente en que, al amparo de las legislaciones de propiedad intelectual, es el productor de un programa quién decide en qué condiciones puede utilizarse éste. Verdad absoluta, si el autor de un software quiere que sólo se use para tal actividad y en determinado tipo de máquinas y cobrando además tal cantidad por licencia al año, no hay nada más que decir. Es su voluntad, es su derecho y así lo defiende la legislación, y con mi buen criterio creo.

candadoConsecuentemente, los productos de software se encuentran totalmente sometidos a la voluntad de su propietario que, tradicionalmente, ha basado su modelo de negocio en conceder licencias a los usuarios en las que se especifica qué pueden hacer éstos con el software, bajo el citado principio legal de que nada tienen permitido en ausencia de una licencia otorgada. Así, si un programa contiene errores, sólo su productor podrá subsanarlos en el momento y tiempo que estime oportunos. Igualmente, en ausencia de una licencia expresa que lo permita, el usuario no podrá adaptar un programa a sus necesidades específicas. En el modelo propietario se trata a la licencia de software como un producto manufacturado que se vende al cliente; en el que el precio de la licencia incluye el derecho al uso del programa restringiendo cualquier tipo de modificación, desarrollo basado en él, e incluso el uso que del software se pueda hacer más allá de su instalación en un sólo ordenador para un sólo usuario. A esta cualidad básica de la industria del software hay que sumar otra que parece derivar de la dinámica del mercado; y es que, en ausencia de ninguna intervención gubernamental, son normales los monopolios casi absolutos en un estrato dado del mercado puesto que una vez desarrollado el software lo único que existe son costes de distribución, mientras que un competidor tendrá que asumir costes de entrada (costes de desarrollo).

A la hora de distinguir los componentes de un software debe hacerse una diferencia básica entre lo que se denomina “código fuente” y “binario”. Un programa de ordenador es una secuencia de instrucciones escritas por un humano para ser ejecutadas por un ordenador, pero los ordenadores sólo pueden entender las instrucciones codificadas como una cadena de números binarios (0,1). Por tanto, un programa es escrito, en primer lugar, en un lenguaje que sea inteligible por humanos y a esto es a lo que se denomina “código fuente”. Posteriormente, y en base a un software denominado “compilador” el código fuente es traducido (compilado) para poder ser ejecutado por un ordenador, a esto es a lo que se le llama “binario” o “ejecutable”. Para que se puedan hacer modificaciones al software, o para que se puedan reutilizar partes de él en otros programas, es necesario tener acceso al código fuente.

Así pues, el cliente que adquiere una licencia de software en el modelo propietario, ve restringido el uso que puede hacer de él en dos sentidos:

  • A efectos prácticos, pues sólo recibe la versión binaria del programa y no el código fuente. Si en algún momento el licenciado tuviera la necesidad de acceder al código fuente, la práctica habitual en la industria consiste en firmar un acuerdo de no divulgación (En inglés, Non Disclosure Agreement, NDA). Esta forma de protección suele extenderse a las obras futuras que pudiera realizar quién ha examinado el código fuente así protegido, pues en teoría estos programas futuros deberían no estar basados, ni inspirados, en el código fuente accedido.
  • En términos legales, ya que incluso con el acceso al código fuente, los términos de la licencia impiden tajantemente los cambios al código fuente o su uso en otros programas, pues la licencia mantiene los derechos de copia, redistribución o modificación en el propietario del software.

Estas restricciones de carácter legal y práctico no eran muy frecuentes en los inicios de la Informática, cuando el intercambio de código fuente era la práctica habitual de los programadores, en gran número empleados de instituciones públicas. Esta situación cambió a finales de los años 70 y principios de los 80 a medida que se fue desarrollando una potente industria privada del software que se apoyaba en las normativas de propiedad intelectual para la explotación comercial de sus obras y en acuerdos NDA para la relación contractual con sus empleados. Se trataba así de obtener una protección con cobertura legal que impidiera el estudio o reutilización del código fuente.

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